lunes, 19 de enero de 2015

Una incómoda angustia

     Angustia. Ganas de llorar. Bronca. Más angustia. El doble de ganas de llorar. Envidia. Odio. Me gustaría que esos no fueran mis sentimientos la mayoría del tiempo. Me gustaría no ser esto que soy. Cuando pienso en la vida conmigo la angustia se triplica. Cuando pienso en que estoy encerrada en mí para el resto de la vida la angustia golpea más fuerte. 
     No puedo valorar los buenos momentos. En esas raras veces que suceden no puedo dejar de pensar que pronto se van a acabar. Que esa que vive esos momentos no soy yo. Es otra que dejo salir por un rato y después la vuelvo a esconder para darle paso a quien verdaderamente soy. Esa que tanto odio.
     Y la angustia siempre vuelve. La acompañan todos esos pensamientos negativos que andan rondando mi cabeza. Por más que trate no los puedo callar. Por más que intente una y otra vez estar bien siempre vuelvo al mismo punto que traté de dejar atrás. No puedo. Simplemente no puedo vivir conmigo. Y cuando vuelvo a entender que jamás voy a vivir una vida en la que yo no esté presente la angustia crece desesperadamente. Esta es mi vida y en mi vida estoy yo. Yo y todos mis defectos.Yo y todo eso que hace que me odie. Yo y todo eso que me hace ser como soy y no me deja ser lo que quisiera ser. 
    Me pregunto cuál será el quiebre. Qué debe suceder para que me canse de esta agónica rutina. Cuánto más pueda soportar. Pero mientras sigo mintiendo, ocultando y pretendiendo. Mientras la angustia está siempre ahí. Oprimiendo mi pecho, haciéndose un nudo y subiendo por mi garganta hasta hacer salir lágrimas por mis ojos.   

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