jueves, 10 de septiembre de 2015

Un camino libre

     Siento que nunca voy a ser libre. Siento que mi cárcel soy yo. No me dejo, me oculto, callo, pienso demasiado todo. Me enredo en ataduras imaginarias que me arrastran hasta el pozo más hondo. Siento un dolor constante cuando imagino todas las cosas que me gustaría hacer pero no las hago. Cuando pienso en todo lo que me prohíbo me duele. Cuando pienso en que el tiempo nunca va a volver atrás me duele. Cuando pienso en que lo único que estoy haciendo es dejar pasar la vida me duele. Cuando pienso en el futuro conmigo me duele.
     Siento tanta impotencia de no poder. Las oportunidades están ahí, esperando que las tome. Pero simplemente no lo hago. Mi cabeza me gana. Mis pensamientos oscuros me dominan, son mucho más fuertes. Es interminable. No soy lo suficientemente fuerte para cambiar ¿Las personas pueden cambiar? Me lo vengo preguntando hace tiempo. Las marcas están ahí, ya las entendí de una manera, ya actué de acuerdo a esa manera de ver el mundo, ya es tarde para modificar cada paso que di. Soy esto y es lo que más duele. Soy yo. Sola. Yo.
     Quiero parar el mundo. Quiero parar la vida de todas las personas que me rodean. Quisiera que me esperen eternamente. Que entiendan que yo no puedo, pero que quiero. Que me esperen. Que entiendan que no me es fácil. Tomé un camino equivocado pero sueño todos los días con tomar el camino correcto. El camino que toman todos y lo recorren libremente. Yo quiero estar ahí pero no puedo. Lo observo desde lejos. Los veo a todos pasar. Yo observo, deseo estar ahí, pretendo estar ahí y caminar con ellos. Pero es una mentira. Jamás los alcanzo. Me quede sentada en la mitad del camino. Estoy esperando cambiar, tener nuevas piernas para correr y alcanzarlos. Ojala pudiera tener nuevas piernas y reemplazar las anteriores. Talvez con esas pueda caminar libremente algún día. Caminar y dejar atrás el camino que me llevo a lo más oscuro y solitario. Ojalá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario