martes, 20 de mayo de 2014

Ellos no saben.

     Si supieran. Si me conocieran. Ellos creen que yo soy perfecta. Creen que soy correcta, soy feliz, soy normal. Ellos no saben. Ellos no me conocen. Ellos no saben lo que pienso. Lo que siento.
     A veces veo sus vidas y digo: "¿Qué defectos pueden tener? Y si los tienen ¿Les causarán tanto dolor como los míos?" A veces los envidio. A veces creo que ninguno puede estar peor que yo. Que todos ven el futuro con esperanza, con ideas, con sueños, con ganas de ver al menos el futuro. Ninguno siente lo que siento, ninguno vive lo que vivo. Es imposible que me entiendan, que comprendan lo que estoy pasando. Ni se lo imaginan. Ellos no saben.
     Siempre me vieron feliz. Siempre tuve una sonrisa, la más grande. Yo soy una chica feliz, que disfruta vivir. Que es buena, que es amigable, que se entusiasma por la vida. Que tiene un gran futuro por delante, y estudia, y se prepara para el día de mañana. Que es normal. La verdad es que ellos no saben que todo eso es una farsa. Una mentira que sin darme cuenta les fui construyendo minuciosamente a lo largo de los años para ocultar mis verdaderos sentimientos.
     Lo que ven de mí es como una obra de teatro, que monto cada vez que me ven. Ellos, mi público. Yo, la mejor actriz. Invento historias, actúo emociones, armo libretos y guiones. Y cuando cae el telón todo se desarma. Bajo del escenario y me saco el disfraz del personaje feliz para volver a la realidad.
     Cuántas veces les mentí. Cuántas veces fingí esa sonrisa. Cuántas veces dije haber salido con amigas cuando en verdad pase la noche llorando, sola, odiándome como tantas otras veces. Cuántas veces fingí una vida que nunca existió. ¿Cuánto tiempo más va a durar la función?

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